EL SECRETO ANCESTRAL DE LA FLOR DE LA VIDA-DRUNVALO MELCHIZEDEK

 


Permitir que lo imposible sea posible

Cuando la razón no basta y la experiencia comienza.

Hay verdades que no se prueban: se experimentan.

Leí este libro con avidez, con un hambre interior que me pedía más. En pocos días lo había terminado.

Debo admitir que lo leí como si se tratara de ciencia ficción, como espectadora de algo irreal por su contenido extraño e insólito. Pero en mi interior había algo más que lo estaba atestiguando. Para esa parte de mí era evidente que aquello significaba mucho más que fantasías.

Hay una verdad aquí que no se reduce a datos. Va más allá de eso. Es una verdad para el inconsciente, para la intuición, para una sabiduría que no necesita demostración.

Si, en un impulso, haces como yo e intentas corroborarlo con hechos históricos o con aquello que ha sido demostrado científicamente, el resultado puede ser la desilusión.

Pero ¿por qué habría de dudar de mi propia curiosidad?

Lo que sentí al leerlo fue la revelación interior. Algo similar a lo que para algunos significa leer la Biblia, El Bhagavad Gita u otros textos sagrados: no se trata de refutarlos, sino de permitir que un mensaje sea transmitido.

Encontré algo verdadero en estas páginas. Algo que me emocionó, que me hizo vibrar en amor y esperanza.

Y hoy vengo a intentar ponerle palabras a ese misterio.

Si eres pragmático, tal vez este libro tal vez no sea para ti.

O tal vez sí.

Tal vez sea justo lo que necesitas para abrirte a algo distinto.

Porque ningún libro llega por accidente.

Puertas y flores

Curiosidad

Seguí las migajas que me llevaron a este libro.

Un libro tras otro. Un pódcast. Una imagen.  Me asombra aquello que despierta mi curiosidad.

“Sabemos que algo en ello es importante, quizá no sabemos con precisión lo que es, pero aun así retenemos la imagen.” Drunvalo M. (309)

Últimamente esto me sucede con mayor frecuencia. Debe ser porque estoy más atenta. Después de mucho tiempo, comprendo por qué un sueño, una conversación o una experiencia que me impactó en el pasado eran significativos. Por qué permanecían tan presentes en mis pensamientos, surgiendo una y otra vez, aunque en apariencia fueran irrelevantes.

Descubro que llevo tiempo pensando, actuando y sintiendo acorde a aquello. He sido guiada por mi intuición sin darme cuenta. He aprendido sin saber que estaba aprendiendo.

La intuición no es otra cosa que atender a lo que sé sin que pase por la razón. Es saber sabiendo, no pensando.

Si algo me conmueve o cautiva mi interés, deseo estar despierta para darme cuenta. Para no atravesarlo deprisa por falta de tiempo. Para no mutilarlo por querer explicarlo demasiado pronto.

Una de mis partes favoritas del libro es aquella que explica que lo que está frente a nosotros puede percibirse, al menos, de dos maneras. Una asociada al hemisferio derecho del cerebro —lo sentido— y otra al izquierdo —lo pensado—.

La misma información está siendo procesada de de formas distintas.

Leí en otro libro acerca de estudios realizados en personas con epilepsia a quienes, como tratamiento, les cortaron el cuerpo calloso —el puente que conecta ambos hemisferios cerebrales—. Aquello tiene mucho que ver con lo que aquí explica el autor. En esos casos, parecía haber literalmente dos conciencias habitando el mismo cuerpo.

Leerlo fue inquietante.
Por no decir aterrador.

Si te permites no conceptualizar de inmediato aquello que llama tu atención o conmueve tu corazón, si simplemente lo presencias sin fabricar una historia sobre el porqué o el para qué, algo comienza a transformarte en silencio.

Tal vez, con el tiempo, eso se vuelva palabra y lo comprendas como una revelación.
O tal vez nunca lo sepas.

Pero si hay más alegría en ti, es señal de que absorbiste la información. Y quizá comprender cómo no sea lo importante.

“Generalmente es mucho más fácil absorber información experimentalmente a través del cerebro derecho, que a través del cerebro izquierdo lógico, pero son equivalentes” Drunvalo M.

Lo que me llamaba no era solo una idea, era un patrón.

El mensaje tras las formas.

Geometría Sagrada.

El orden secreto del universo.

¿Por qué usar la palabra sagrada?

Se utiliza esa palabra para diferenciarla de la geometría común, porque su propósito no es solo medir o calcular, sino servir como puente entre lo visible y lo invisible.

Se dice que es anterior al tiempo y al espacio. Que existía incluso antes de la materia. Es sagrada porque señala la puerta hacia lo divino.

Hay una fuerza en el universo que lo ordena todo. No actúa de manera arbitraria; sigue patrones. Esos patrones son los códigos de la geometría sagrada. El plano arquitectónico con el que se formó todo: tus células, los árboles, las galaxias.

Y no solo la materia. También la energía. La mente. El alma.

Lo que vemos y lo que no.

Esta idea dialoga con propuestas como las del físico Michio Kaku en La ecuación de Dios, donde sugiere que el universo responde a una estructura matemática profunda. (Si te interesa puedes buscar en el blog mi escrito inspirado en su libro.)

Pero más allá de la teoría, la pregunta es:
¿qué hacemos con esto?

El libro explica que al contemplar o dibujar estas formas, nuestro cerebro —ese lado intuitivo del que hablábamos antes— entra en un estado de resonancia. Al percibir la perfección geométrica, la conciencia recuerda su propio origen.

En la naturaleza encontramos estas estructuras con claridad: en las plantas, en los animales, en las galaxias, en el crecimiento de una concha o en la disposición de los pétalos. También en ciertas obras de arte.

La belleza no sería solo subjetiva; respondería a proporciones específicas. Aquí aparece el número áureo: una proporción irracional presente en geometría, arte y naturaleza, asociada al equilibrio y a la armonía.

El hemisferio derecho nos permite la experiencia individual. El izquierdo, la experiencia de unidad. Aunque este último no tenga lenguaje para explicarlo, puede sentirlo.

Al percibir el mismo orden dentro y fuera de nosotros, algo se comprende: somos parte del todo.

“Es importante percibir estas relaciones geométricas, no sólo para que el cerebro izquierdo pueda darse cuenta de la unidad de toda la vida, sino por otra razón: así podemos entender estos patrones estructurales electromagnéticos alrededor de nuestro cuerpo…” Drunvalo M. (290)

Mientras una parte comprendía, otra dudaba.  

Encuentros para volar

Irreal.

“…debes ir dentro de ti mismo, para ver si esta información es cierta dentro de tu mundo.” Drunvalo M.  (25)

Mientras leía lo vivido por el autor, noté la sensación de incredulidad que se despertaba. Lo clasificaba como inverosímil.

Él narraba sucesos extraordinarios de su vida y yo no le creía.

¿De dónde me viene tanto escepticismo?

No era la primera vez que me ocurría. Ante relatos similares, mi reacción automática era la misma: no les creo.

Darme cuenta de ese rechazo involuntario ante lo que descubría abrió una posibilidad de expansión. Comprendí que no era el contenido lo que me incomodaba, sino el límite que yo misma había impuesto a lo posible.

Llevé esta inquietud a mis silencios. Allí entendí a qué estaba renunciando con esa personalidad incrédula. Supe que jamás tendría experiencias como las que el autor describía —esos milagros, esas revelaciones— si no hacía espacio en mí para que ocurrieran.

Revisé mi propio archivo interno. Esto no era nuevo. Ya me había sucedido al leer o escuchar a personas que admiro: Anita Moorjani, Joe Dispenza, Wayne Dyer, Deepak Chopra…

No se trata de que estén mintiendo.
Lo que en realidad ocurre es que no creo que eso esté disponible para mí.

Es posible en su realidad, pero no en la mía.

Lo que es irreal en mi mente termina siendo irreal en mi vida.

Quiero crear espacio para que eso también me suceda. Por ahora, basta con respirar de cierta manera, mantener el deseo encendido y —muy importante— fingir hasta lograrlo.

Esa voz escéptica, que se cree superior, me sigue hablando cuando digo: “hecho está”, cuando le hablo a lo invisible…

Pierde su poder cuando la ignoro, muere de hambre.

Así que decidí dejar de discutir… y empezar a respirar.

“Existen ciertas realidades sobre las que mucha gente está de acuerdo, y esas realidades se llaman niveles de consciencia” Drunvalo M.  27

Contemplando el fuego

Respira.

Siento que he caminado recogiendo innumerable información que, al final, me ha traído hasta mi nariz.

Ningún concepto ni ningún libro pueden llevarte realmente allí. Solo la práctica. Solo experimentarlo por ti mismo. Por que la unidad solo puede ser percibida por tu hemisferio derecho, y este no tiene leguaje, tiene experiencia.

El autor sugiere que la forma en que introducimos la energía en nuestro cuerpo afecta radicalmente nuestra manera de percibir la realidad. Enfatizo en la palabra forma, porque el aire que entra es el mismo; lo que cambia es cómo respiro.

Habla de campos de energía geométricos alrededor del cuerpo que pueden activarse de un modo específico, íntimamente conectado con la respiración.

Escribo esto desde mi experiencia en los últimos meses. He probado distintas técnicas de respiración y lo que sucede en mí es asombroso. Empieza a tener sentido la idea de que, a través de la respiración, puedes construir un vehículo —la MerKaBa— capaz de llevarte a otras dimensiones al transformar tu manera de percibir de la realidad.

Donde la razón termina, comienza la respiración.

Descubro algo nuevo


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